Tras anudarme el cachirulo al cuello me pongo a teclear este blog. Efectivamente, las fiestas del Pilar están a puntico de comenzar... este año el protagonista del cartel anunciador es el tragachicos comiendo adoquines.
Yo me he parado a pensar... esto de ver un baturro con adoquines ya lo había visto en algún otro sitio y he comenzado a rebuscar en la carpeta de recortes del heraldo que guardo en casa.
hace seis años, -en los pilares del 2010- a Víctor Meneses, un redactor de Heraldo de Aragón, le hicieron vestirse de baturro. Tenía que conseguir pasar todos los pilares vestido con el traje regional y sin dinero en efectivo, solamente llevaba 150 € en adoquines. Consiguió hacer un divertido diario contando su día a día en pilares, aqui pongo la recopilación de todos los recortes de prensa que tenía guardados... así podeis leer este diario y haceros una idea de lo que ocurre en Zaragoza cuando son Pilares.
Diario
de Pilares 2010
Un
redactor de Heraldo pasará todos los pilares vestido de baturro y
con 150 euros, pero no en metálico: en adoquines y frutas de
Aragón. Mercancía que pesa 20 kilos cortesía de Jaysso.
Aquí
comienza mi pequeña aportación cultural a las fiestas del Pilar de
este año. Cultural, porque voy a promocionar productos aragoneses y
la moda autóctona: me esperan diez días de fiesta, un traje de
baturro como uniforme diario y 20 kilos de adoquines y frutas de
Aragón, cortesía de Jaysso, que serán mi moneda de cambio
para intentar disfrutar al máximo de la feria.
El
año pasado sobreviví con 100 euros todas las fiestas, y algo sobró.
En esta ocasión me han quitado el efectivo y han coartado mi
personal gusto por la moda, menos mal que no me han vestido de
ansotana. No sé cómo voy a conseguir las flores para la ofrenda, ni
en qué estado estará el traje de baturro el último día. Yo solo
quiero comer bien, salir de fiesta y no privarme de nada. lo de ligar
ni me lo planteo porque tengo novia. No me quedará otra que recurrir
al trueque y negociar con el material del que dispongo. Pero no tengo
licencia municipal para vender en la calle adoquines y frutas de
Aragón y, ni de broma, voy a publicar aquí dónde me voy a poner a
trapichear. Sin embargo si buscan en Twitter quizá sepan más
cosas sobre mis andanzas… ¡Madre, qué pilares me esperan! Ya me
veo gritando “agua, agua” y corriendo como loco calle arriba. Con
lo lento que soy… y además con las alpargatas puestas.
Sepan
ustedes que, si me ven por Zaragoza, pueden ser generosos conmigo.
Soy un tipo muy agradecido. Me pueden invitar a comer, a una copa o
cenar; me pueden comprar adoquines, que los tengo baratos (tres, un
euro) o frutas de Aragón (cada una a 30 céntimos). Solo tienen que
buscarme. Como algunos musicales, no descarto hacer ofertas.
Viernes,
08 de octubre de 2010
Todo
empieza hoy, día a día, minuto a minuto, la historia de este
baturro anacrónico que anda perdido en una Zaragoza en fiestas…
12.30
Entro en “El
Pequeño Catalán” para
elegir un traje. Quiero uno elegante y cómodo, sobre todo cómodo,
que lo voy a llevar a diario.
12.31
Me atiende Marina. Lleva un
colgante de Hello Kitty.
12.33
Marina me ofrece dos
pantalones. Me pruebo el primero: es muy confortable y suavecito.
12.35
Me pruebo el segundo. Me
aprieta un poco, me tira de la entrepierna, es algo áspero pero me
hace un buen culo.
12.36
Debo elegir. Como es una prenda
que tengo que llevar a diario no me la juego: me quedo con el que me
hace buen culo.
12.38
Marina me saca una faja, unas
medias, una gorrinera… me lo llevo todo.
12.49
Ya tengo traje solo me falta la
mercancía de adoquines y frutas de Aragón.
13.00
Voy a casa. Mi madre, mi novia
y mi abuela me dicen que estoy guapísimo de baturro. No necesito
más, me voy a dar una vuelta para quitarme la vergüenza.
14.16
Salgo de casa y descubro que
estos pantalones no tienen bragueta, ¡buf! Esto va a ser una odisea
en Interpeñas.
14.17
Sigo andando y descubro que
estos pantalones tampoco tienen bolsillos, ¡buf! A ver dónde
narices meto el móvil, las llaves y la cartera. Me tendré que hacer
con una alforja.
14.24
Tragedia. Piso un chicle. Me
quedo literalmente pegado al suelo. ¡Jodo, cómo le gusta agarrarse
al esparto! Ya no quiero este traje, no es como vestirse para la
ofrenda. Lo tengo que llevar diez días y diez noches… Y rezando
para que no llueva.
Sábado,
09 de octubre de 2010
14.00
No me gusta este juego. Siento
que en cualquier momento me voy a romper un tobillo: estas alpargatas
no agarran un pimiento. La faja se me cae todo el rato, todavía no
he conseguido una alforja para meter el móvil y las llaves y, lo
peor de todo, es que no tengo ni un solo euro en efectivo. Si no me
pongo a vender adoquines, ni podré comer, ni me podré ir de fiesta
esta noche.
14.05
Salgo a la calle con cinco
kilos de adoquines en la mano. ¡Toma, valiente!
14.07
Se me suelta la faja. Me la
pongo como puedo.
14.15
Consigo convencer a uno de
Huesca para que me compre seis adoquines. ¡Esto tiene mucho mérito,
eh!
14.18
Se me suelta la faja. Me la
pongo como puedo.
14.22
Les cuelo otros seis adoquines
a un grupo de tudelanos preocupados porque en los bares de Zaragoza
no hay música a estas horas. Les explico que esto no son los
sanfermines y les mando al Tubo para que se entretengan un rato. No,
si en el fondo le vengo bien al ayuntamiento, aunque venda adoquines
sin licencia. Si algún día me detienen les contaré esta anécdota
para que vean que no todo son ilegalidades.
14.26
Se me vuelve a soltar la faja.
¡Jodo, que lata! Me la pongo como puedo.
14.29
Vendo otros seis adoquines a un
grupo de chicas de Ávila. Muy paradas, por cierto. Creo que estaban
en toma de contacto con la ciudad. Me quedo un rato para animarlas,
que así no se puede venir a los Pilares.
14.30
Veo que una de ellas se arrea
el adoquín de golpe. ¡Ala, todo pa´dentro! — ¡Pero que eso es
para chupar, estalentada!— le digo — ¿no has leído el
prospecto? La pobre, roja, se saca el adoquín chorreando de la boca
y se pone a buscar el prospecto en el envoltorio (entre las coplas)
14.31
No lo encuentra, claro. Bueno,
ni ella, ni sus amigas, pobretas. Le recomiendo que, si no es
aragonesa, que ni se le ocurra volverse a meter un adoquín entero en
la boca, que eso solo lo podemos hacer los de la tierra.
14.36
Se me vuelve a soltar la faja.
¡Tira a cascala, la llevo en la mano que como se me vuelva a soltar
la tiraré al Ebro!
14.42
Voy al paseo Independencia y me
hago un hueco entre los amigos del Top manta. A ver si aquí vendo
más material.
14.42
Un Senegalés que vende
perfumes me pregunta por mi mercancía.
14.43
Le digo que son unos caramelos
típicos de aquí y le ofrezco uno gratis. Así me lo gano, no quiero
problemas con mis nuevos compañeros de acera.
14.43
El muchacho le arrea un
mordisco al adoquín y no le saltan los dientes de puro milagro. Le
explico que es mejor chuparlo.
14.52
En una hora me he sacado 20
euros. ¡Hoy podré comer bien y (lo mejor de todo) salir de fiesta!
Domingo,
10 de octubre de 2010
No
pretendo resultar soez, pero si están desayunando mejor no lean esto
ahora. Es que ayer estuve en Interpeñas y el esparto de mis
alpargatas cogió lo mejor de toda la noche: el agua de la lluvia,
los restos de cerveza y calimocho, mucho calimocho. Vamos, que si las
estrujo puedo llenar con el líquido que salga dos vasos de litro.
Huelen… en fin. Todo empezó después del pregón…
Sábado,
09 de octubre de 2010
21.37
Llueve. Voy en busca de un
autobús que me lleve a Interpeñas saltando los charcos y buscando
los porches.
21.39
Capuzo en un charco de la plaza
de España. Soy un desastre esquivándolos.
21.42
Suena mi móvil, que llevo en
la mano porque todavía no he conseguido una alforja. Es mi madre.
21.43
Me pregunta si ando por ahí
con las alpargatas, con la que está cayendo (cómo me conoce la tía)
— Que no, mamá, que ya sabía que iba a llover y me he cogido las
deportivas por si acaso, — le miento. Soy lo peor, pero es que si
no, la mujer se preocupa demasiado… ya verás tú cuando lea esto
hoy.
21.45
Capuzo en un charco de la calle
Alfonso. Las alpargatas, chipiadas. Empiezo a notar un frescor
desagradable en los pies.
21.47
Sigo andando entre la multitud,
¡madre si hay gente por ahí!
21.52
Se me suelta la faja. ¡Buf! Lo
que me faltaba. Yo no sé cómo podían hacer vida normal con este
atuendo. Que el traje no tenga bolsillos, lo paso; que no tenga
bragueta, tira; pero lo de la faja y que no se pueda andar por la
calle cuando llueve…
22.12
Me subo en un bus que me deja
cerca de Interpeñas. ¡Me dan miedo los zagales borrachos! Como me
manchen…
00.12
Me cuelo en Interpeñas, y mira
que me dejo ver eh…
00.17
Voy directo al concierto de
SKA-P, que está muy “animao”
00.18
Se me suelta la faja. Un amigo
me sugiere que me ponga velcro. ¡Pues a lo mejor!
00.23
El primo de mi novia me
deposita un litro de calimocho en las alpargatas. Mueren ahogadas.
Domingo,
10 de octubre de 2010
11.30
Llegó al periódico. La noche
no acabó bien, tuve que volver a casa chapoteando en esparto. No
estoy contento y he tenido que tunear
el traje. Ahora lo remato con medias grises y deportivas blancas.
12.00
Llama una señora que cree que
mi traje no es el adecuado. Y eso que hoy no me ha visto. Pero me va
a ver, dice que viene a las 19.00. Lo va a flipar.
14.37
Me como un bocata de calamares
que pago con los beneficios obtenidos ayer en la venta ilegal.
18.30
Colocó más mercancía. Mis
compañeros pican que da gusto. A estas horas hay gazuza. 24 euros en
total.
19.00
Llega Carmen, dice ser la
Thatcher de Tarazona. No
puede apartar sus ojos de mis deportivas. No le gustan. Trae
alpargatas, pero ninguna de mi número. Se rinde ante el tamaño de
mis pies. Pero promete hacerme una alforja para el móvil. Y no me
pide adoquines a cambio.
Lunes,
11 de octubre de 2010
14.05
Soy feliz. Aunque tenga
problemas con la faja, no los tengo con la ley. Me paso las tardes
trapicheando con frutas de Aragón para poder salir de fiesta y
comer, y todavía no he tenido tiempo para hacerme con un buen ramo.
Con el dinero que me he sacado puedo comprarme uno sencillito, pero
quiero recurrir al trueque y guardarme el efectivo.
14.10
Mi amiga Concha me habla muy
bien de flores Marbid,
dice que son muy majas las zagalas que lo llevan y seguro que me
ayudan. ¡A por ellas!
14.34
Aparezco en su tienda. Qué
bien huele, no como yo, que llevo cuatro días con la misma ropa.
14.35
Me atiende Fina. Me regala un
ramo precioso, yo le doy adoquines y frutas de Aragón en señal de
agradecimiento y me quedo corto, seguro.
16.08
Vuelvo a la redacción. Pablo
Arrufat, presentador de los informativos de ZTV, se ofrece de manera
altruista a ayudarme con la venta ilegal de adoquines. Yo le explico
que no es una tarea fácil y que tardará bastante en vender los dos
kilos que le proporciono. Es mi agente comercial.
16.10
Empieza su venta. Pobrete, me
lo imagino en Independencia y seguro que no le compra nadie. Me
siento culpable.
16.15
Aparece Pablo (muy ufano) con
la bolsa vacía y con 15 € en la mano. ¡Jódelo!, en cinco minutos
se ha sacado más que yo en todo el día. Me paga y no me sisa.
16.16
Creo que debería pasar más
tiempo con este tipo. Para mañana le guardo otros dos kilos.
19.02
Viene a traerme una alforja,
-hecha a medida- Carmen “la
Thatcher de Tarazona”.
— Está inspirada en la que llevaba el bandido Cucaracha, — me
dice.
No sé
yo si no será una indirecta…
Cómo
destrozar el traje en tres sencillos pasos
Paso
número uno, vaya usted a las ferias con su traje regional. Paso
número dos, súbase al toro mecánico. Paso número tres, intente no
caerse y si escucha algún crujido, tranquilo, no son sus huesos. Lo
sé por experiencia. ¡Llevo el cuerpo que parece que me ha pasado un
tractor por encima!
23.04
Me bajo del toro mecánico y
noto una sensación de comodidad atípica. No sé por qué, pero voy
más suelto. De fondo suena: “en
una tribu Apache, jau, jau, jau”
23.05
Compruebo que todo está en su
sitio: camisa, medias, gorrinera, faja (que no sé por qué narices
se me suelta mientras camino y me subo al toro mecánico y ni se
menea…), pantalones, calzón… ¿calzón?
23.06
Tragedia. Descubro que tengo un
enorme agujero en el calzón. Es la tercera prenda que reviento.
Primero fueron las alpargatas y un par de medias. Ahora vivo con un
agujero en los calzones del diámetro del paraguas de la japonesa que
luego les presentaré.
23.12
Se me suelta la faja. Me la
pongo con la música de Benny Hill de fondo. Un payaso que vende
globos me mira con cara de “estás
llamando más la atención que yo”.
23.26
Voy al concierto de Bebe. Bebo.
Desde que se me ha roto el calzón me siento más cómodo que nunca.
¡Qué gustico, oye!
00.42
Bebe canta. Bebo. Hace mucho
calor.
01.02
No puedo más. Rompo las reglas
del juego (espero que no me sancionen). Me quito la camisa y la
gorrinera y me pongo una camiseta con una H
gigante. Paizco
un peñista con calzones.
Martes,
12 de octubre de 2010
08.34
Me despierto para ir a la
ofrenda. Llueve, ¡copeta…!
09.03
Me cambio de ropa por primera
vez en cuatro días, pero rechazo mis calzones de toda la vida para
ponerme los rotos, que voy como nadie, tú.
09.25
Salgo al paseo de la
Independencia en procesión con un grupo que no es el mío, pero me
da igual: con la que está cayendo solo quiero llegar a la plaza
cuanto antes.
09.27
Una señora me clava el
paraguas en la nuca. Se disculpa.
09.42
Veo a una japonesa haciendo
fotos como loca en la plaza de España. Creo que está alucinando con
nuestro traje regional porque no para de apretar el botón. No sé
japonés. Voy directo hacia ella.
09.43
Tenemos una conversación en
japonés. ¡Flipa! Ve mi cámara y dice: — ¡Nikon! — miro su
cámara y le digo: — ¡Nikon! — Hasta ahí nuestra conversación
en japonés. Nos chocamos la mano. Me cuenta que tiene muchos amigos
(me alegro por ella) y que está haciendo el camino de Santiago. ¡Qué
salada, tú!
09.47
Un niño me clava su paraguas
en los riñones. No se disculpa. Le miro mal.
10.54
Entrego mi ramo a la Virgen.
00.30
Esta noche no salgo, así no
gasto. Una ducha, un colacao, una frutica de Aragón y a dormir. Qué
dura es la vida del baturro…
Miércoles,
13 de octubre de 2010
Pocas
cosas son tan mortíferas como arrojar a mala sangre un adoquín de
kilo. Siempre que tengas buena puntería, no como yo.
10.35
Buenos días, Zaragoza. Voy a
la redacción.
12.30
Asomo la cabeza por una ventana
de Heraldo para
otear. Veo a dos amigos charlando. Ellos a mi, no.
12.31
Busco un folio en sucio para
arrugarlo, lanzárselo y llamar su atención. Soy así de divertido.
12.32
No tengo ningún folio en
sucio, pero mi bolsa de adoquines está muy aparente encima de la
mesa. Agarro uno de anís y lo tiro sin intención de herir a ninguno
de los dos, de verdad.
12.33
El adoquín impacta contra el
suelo (aunque por poco le hago una cuquera a uno). Me miran. Sonríen
y me piden que les tire más adoquines. Insensatos…
12.34
No satisfago sus deseos pero me
acaban comprando un buen puñao de mis dulces.
15.34
Voy a vender más mercancía a
la plaza del Pilar que para frutos, los míos.
15.34
De camino, me cruzo con un
amigo, -que no me ve- en la calle Alfonso. Le llamo: — ¡Óscar,
Óscar! —
15.35
Parece que no me escucha. Le
vuelvo a llamar: — ¡Óscar, Óscar! — Pues no me pienso ir sin
saludarlo. Se me ocurre una manera infalible para que me haga caso.
15.36
Meto la mano en la alforja,
engancho un adoquín de fresa, cargo el brazo hacia atrás y lo
aviento contra mi amigo (o por lo menos hacia él apuntaba).
15.36
Sigo con la mirada la
trayectoria del adoquín, que pasa por encima de Óscar, y va a
impactar contra un pobre zagal que anda ajeno a su suerte. ¡Catapún!
En toda la cabeza, tú. Por suerte no pierde el conocimiento. El tipo
se gira con ganas de venganza.
15.37
Me oculto tras una de las
papeleras de la Rudi mientras un coche de policía pasa a mi
izquierda. Esto se me ha ido de las manos, pero aquí nadie me ve.
15.38
El pobre zagal no encuentra a
su agresor (tendré mala puntería pero soy un genio del camuflaje).
15.39
No sé donde esconder la bolsa
de adoquines que tengo en la mano y me delata. El chico mira hacia
arriba buscando a un culpable. Mi amigo Óscar sigue su camino. Al
cabo de un rato me descubro y aquí no ha pasado nada… aunque
cuando lean esto…
Por
las mañanas, paso relativamente inadvertido. Entre las ofrendas y
las rondallas es bastante habitual cruzarse con un baturro. Por las
noches, la cosa cambia. En Interpeñas, soy el único que viste de
regional. Y he de reconocer que cada vez con menos clase…
00.35
Un beodo me mira (sin
discreción alguna) mientras bailo. No me quita el ojo.
00.39
Me sigue mirando. Me da
bastante miedo. Algo trama.
00.42
Se acerca hacia mí, creo que
quiere decirme algo inteligente.
00.43
— Tío, ¿tú sigues de
empalmada desde el día de la ofrenda? — me pregunta con un aliento
abrasador. — No, es que yo voy siempre de baturro — le respondo.
Sonrío. Él reflexiona sobre mi respuesta, asiente, se aleja…
Menuda castaña.
Jueves,
14 de octubre de 2010
10.39
Suena mi móvil, es mi
compañero Ángel Solís que me dice: — Hoy deja los adoquines y te
vienes con Carlos Moncín y conmigo a la plaza, que vas a gastos
pagados — ¡Qué grande es este Solís!
14.39
Carlos y Ángel me invitan a
comer y me regalan una entrada para la corrida del día. No he visto
una en mi vida, pero no estoy para rechazar ningún regalo.
16.32
Nos encontramos con el jotero
Nacho del Río y se ofrece a ponerme la faja — con los flecos para
adentro (importante) — me dice. A mí me gustan más por fuera.
Cuando no mira me los saco. Él no va de baturro.
17.30
Empiezan los toros. ¡Qué
peñazo…! No me entretienen ni lo más mínimo… Como me han
invitado pongo buena cara y repito las frases que le oigo al público.
Es la primera corrida que veo, pero con este pequeño truco doy el
pego.
18.30
Entablo conversación con un
tipo que está sentado en el burladero del callejón, justo debajo de
mi sitio.
18.37
Hago un trato con él: yo voy a
por bebida y el me invita a lo que quiera. Acepta. Me pide un
Beefeater
con limón poco cargado.
18.38
— Un Beefeater
con limón muy cargado, por favor — le pido a la camarera — Así
es todo más alegre… para mí, un refresco y cacahuetes.
Ahora
quiero invitar a mi novia a cenar algo que no sean frutas de Aragón
y adoquines…
Viernes,
15 de octubre de 2010
A
estas alturas de la película yo también me declaro “indispuesto”,
como Sabina… no saben qué duro es salir de fiesta y contarlo.
13.52
Amanezco afónico. Ayer estuve
en el concierto de Sabina y me he levantado con su misma voz. Menos
mal que no me pasó lo mismo cuando fui a ver a Camela…
14.13
Me llega un mensaje de Esther,
una amiga que me invita a comer. Matizo su propuesta, mejor
desayunamos.
14.45
Acudo a la carpa del ternasco y
nos arreamos dos platos de fideuá y muchas tapitas de queso para
untar que Esther a comprado en la plaza de los sitios.
15.03
Huele a quemado. Una de las
casetas prefabricadas donde tienen los hornos empieza a echar humo
por la ventana. La puerta está cerrada. Algo se está churrascando
pero bien.
15.04
Se abre la puerta y aparece una
camarera envuelta en humo y tosiendo. Como en lluvia
de estrellas, pero en
trágico.
15.05
Para que se le pase la tos,
Esther le ofrece una tapita de queso. Todo se queda en un susto. Lo
celebramos con un vino.
16.25
Llego a la redacción a por mi
mercancía para sacarme unas pelas, que ya casi no me queda dinero.
16.27
Salgo al paseo de la
Independencia con mis frutas de Aragón y mi cámara de fotos.
Tragedia. La librería General también está humeando. Algo se
quema. Me siento un poco gafe, solo he estado en dos sitios hoy y
ambos han acabado igual.
16.28
La jefa de la
sección de local de Heraldo grita
mi nombre desde la acera de enfrente. — Víctor, que aún no han
llegado los fotógrafos, corre, haz tú algunas por sí acaso —
16.29
Me siento al instante como el
bombero de las películas al que le piden que saque a la niña de la
casa en llamas. Corro con una mano en la faja y la otra en la cámara
de fotos (imagínenlo en cámara lenta), me pongo junto al cordón
policial tiro mi saco de frutas de Aragón y empiezo a hacer las
fotos.
16.30
Un policía se me pone delante
y me dice que yo no puedo hacer fotos, que esto es algo serio y me
invita a largarme de allí.
16.31
Le explico que aunque sea
difícil de creer, soy un periodista de Heraldo.
El policía me mira de
arriba a abajo. No se lo cree (normal), y me pide la acreditación.
La jefa de local viene en mi ayuda. Aparece el fotógrafo de Heraldo.
Engancho mis adoquines y me voy.
16.35
Me dejo caer por la plaza de
los Sitios para hacer algún trueque. ¡Arrea, magdalenas de Morata
de Jalón! Ya me salvaron los pilares pasados.
17.04
Me acerco al puesto y hablo con
Angelita, hermana de Julia (mi salvadora del año pasado), que me
confiesa que le encantan los trueques. ¡Pues toma trueque!
17.20
Cambio adoquines por queso de
Letux para untar. Delicioso.
20.02
Voy al Carpanta,
uno de los restaurantes favoritos de mi novia. Me atiende Santiago y
le cuento mi historia. Accede a cambiarme 4 kilos de adoquines por
una comida para dos.
Sábado,
16 de octubre de 2010
Este
baturro se despide, amigos. ¡Tira, ya vale! Que tengo unas ganas de
llevar unos pantalones con bolsillos y todo…
10.45
He sido indudablemente el peor
novio de estos pilares. Todo el dinero que me he sacado vendiendo
frutas de Aragón lo he gastado en comer y beber, no he podido ni
invitar a Teresa (mi chica). Si la pobre hasta me ha comprado
adoquines… pero hoy espero lavar mi imagen. Hemos quedado a las
14.30 en su restaurante favorito, el
Carpanta. El trato lo
cerré ayer: cuatro kilos de adoquines por una comida para dos en el
restaurante griego.
11.03
Ando a buen paso por el paseo
de Sagasta, que no quiero coger capazo con nadie. Llevo los cuatro
kilos de adoquines en una bolsa de plástico (del bueno, que si no no
aguanta).
11.04
Un niño flipa con mis
adoquines. Paso corriendo a su lado, es muy majico, pero voy con
prisa.
11.05
Oigo a lo lejos una dulce
vocecita que dice. — Mamá, caramelos — Lo ignoro, que no me
quiero liar. — Mamá, caramelos — repite alzando la misma voz. Me
paro en seco, ¡jo, me ha convencido!
11.06
Me giro hacia el pequeño, que
está entre un grupo de padres. El zagal comienza a gritar desatado:
— ¡Caramelos, caramelos! —
11.07
No sé de dónde, se lo
prometo; no sé de dónde empiezan a aparecer niños con padres que
vienen hacia mí con la mano extendida. Me siento Melchor el día de
la cabalgata de reyes y me pongo a repartir los caramelos a los
niños. Pobretes, que enganchan dos adoquines y ya no les caben
ninguno más en las manos…
11.09
Sigo repartiendo adoquines a
puñaos, da igual el color. ¡Arrea, que los azules son de anís!
11.10
Digo a los padres que los de
anís se lo den mejor a la yaya, que como se aticen uno los pequeños…
11.11
Me despido y sigo mi camino
mientras una niña me mira con carita de pena. — ¡No le has dado a
Sofía! — me grita una madre.
11.12
Me vuelvo y le doy dos
adoquines de fresa a la pequeña. — Adiós Sofía, — le digo. —
Yo me llamo Carlos — me dice el de al lado (muy bien, niño).
Sonrió y me voy.
14.32
Acudimos Teresa y yo al
Carpanta y nos ponemos
las botas con la moussaka,
el tzatziki…
que todo lo que tiene el nombre de raro lo tiene el plato de bueno.
¡Pedazo de despedida culinaria de pilares! Santiago, el dueño, nos
cuenta que trae los ingredientes desde Grecia. No me extraña, nunca
había probado un yogur así de cremoso. Volveré otro día de
paisano, cuando me quite el traje. Una traje que hasta el año que
viene no verá la luz, eso se lo aseguro; porque cuando lo llevas a
diario, el mejor momento del día es cuando te lo quitas, sobre todo
los garbancillos de las medias, que se clavan… En estos pilares he
aprendido tres cosas: que nadie sabe cómo comer adoquines, que si
entran unas alpargatas a Interpeñas salen convertidas en vino y que
se pasa más inadvertido con un disfraz de astronauta que con un
traje de baturro. Riau, riau.


No hay comentarios:
Publicar un comentario