jueves, 6 de octubre de 2016

Zaragoza ya huele a fiesta... ¡Prepara tú cachirulo!


Tras anudarme el cachirulo al cuello me pongo a teclear este blog. Efectivamente, las fiestas del Pilar están a puntico de comenzar... este año el protagonista del cartel anunciador es el tragachicos comiendo adoquines.

Yo me he parado a pensar... esto de ver un baturro con adoquines ya lo había visto en algún otro sitio y he comenzado a rebuscar en la carpeta de recortes del heraldo que guardo en casa.

hace seis años, -en los pilares del 2010- a Víctor Meneses, un redactor de Heraldo de Aragón, le hicieron vestirse de baturro. Tenía que conseguir pasar todos los pilares vestido con el traje regional y sin dinero en efectivo, solamente llevaba 150 € en adoquines. Consiguió hacer un divertido diario contando su día a día en pilares, aqui pongo la recopilación de todos los recortes de prensa que tenía guardados... así podeis leer este diario y haceros una idea de lo que ocurre en Zaragoza cuando son Pilares.



Diario de Pilares 2010

Un redactor de Heraldo pasará todos los pilares vestido de baturro y con 150 euros, pero no en metálico: en adoquines y frutas de Aragón. Mercancía que pesa 20 kilos cortesía de Jaysso.

Aquí comienza mi pequeña aportación cultural a las fiestas del Pilar de este año. Cultural, porque voy a promocionar productos aragoneses y la moda autóctona: me esperan diez días de fiesta, un traje de baturro como uniforme diario y 20 kilos de adoquines y frutas de Aragón, cortesía de Jaysso, que serán mi moneda de cambio para intentar disfrutar al máximo de la feria.
El año pasado sobreviví con 100 euros todas las fiestas, y algo sobró. En esta ocasión me han quitado el efectivo y han coartado mi personal gusto por la moda, menos mal que no me han vestido de ansotana. No sé cómo voy a conseguir las flores para la ofrenda, ni en qué estado estará el traje de baturro el último día. Yo solo quiero comer bien, salir de fiesta y no privarme de nada. lo de ligar ni me lo planteo porque tengo novia. No me quedará otra que recurrir al trueque y negociar con el material del que dispongo. Pero no tengo licencia municipal para vender en la calle adoquines y frutas de Aragón y, ni de broma, voy a publicar aquí dónde me voy a poner a trapichear. Sin embargo si buscan en Twitter quizá sepan más cosas sobre mis andanzas… ¡Madre, qué pilares me esperan! Ya me veo gritando “agua, agua” y corriendo como loco calle arriba. Con lo lento que soy… y además con las alpargatas puestas.
Sepan ustedes que, si me ven por Zaragoza, pueden ser generosos conmigo. Soy un tipo muy agradecido. Me pueden invitar a comer, a una copa o cenar; me pueden comprar adoquines, que los tengo baratos (tres, un euro) o frutas de Aragón (cada una a 30 céntimos). Solo tienen que buscarme. Como algunos musicales, no descarto hacer ofertas.

Viernes, 08 de octubre de 2010
Todo empieza hoy, día a día, minuto a minuto, la historia de este baturro anacrónico que anda perdido en una Zaragoza en fiestas…
12.30 Entro en “El Pequeño Catalán” para elegir un traje. Quiero uno elegante y cómodo, sobre todo cómodo, que lo voy a llevar a diario.
12.31 Me atiende Marina. Lleva un colgante de Hello Kitty.
12.33 Marina me ofrece dos pantalones. Me pruebo el primero: es muy confortable y suavecito.
12.35 Me pruebo el segundo. Me aprieta un poco, me tira de la entrepierna, es algo áspero pero me hace un buen culo.
12.36 Debo elegir. Como es una prenda que tengo que llevar a diario no me la juego: me quedo con el que me hace buen culo.
12.38 Marina me saca una faja, unas medias, una gorrinera… me lo llevo todo.
12.49 Ya tengo traje solo me falta la mercancía de adoquines y frutas de Aragón.
13.00 Voy a casa. Mi madre, mi novia y mi abuela me dicen que estoy guapísimo de baturro. No necesito más, me voy a dar una vuelta para quitarme la vergüenza.
14.16 Salgo de casa y descubro que estos pantalones no tienen bragueta, ¡buf! Esto va a ser una odisea en Interpeñas.
14.17 Sigo andando y descubro que estos pantalones tampoco tienen bolsillos, ¡buf! A ver dónde narices meto el móvil, las llaves y la cartera. Me tendré que hacer con una alforja.
14.24 Tragedia. Piso un chicle. Me quedo literalmente pegado al suelo. ¡Jodo, cómo le gusta agarrarse al esparto! Ya no quiero este traje, no es como vestirse para la ofrenda. Lo tengo que llevar diez días y diez noches… Y rezando para que no llueva.

Sábado, 09 de octubre de 2010
14.00 No me gusta este juego. Siento que en cualquier momento me voy a romper un tobillo: estas alpargatas no agarran un pimiento. La faja se me cae todo el rato, todavía no he conseguido una alforja para meter el móvil y las llaves y, lo peor de todo, es que no tengo ni un solo euro en efectivo. Si no me pongo a vender adoquines, ni podré comer, ni me podré ir de fiesta esta noche.
14.05 Salgo a la calle con cinco kilos de adoquines en la mano. ¡Toma, valiente!
14.07 Se me suelta la faja. Me la pongo como puedo.
14.15 Consigo convencer a uno de Huesca para que me compre seis adoquines. ¡Esto tiene mucho mérito, eh!
14.18 Se me suelta la faja. Me la pongo como puedo.
14.22 Les cuelo otros seis adoquines a un grupo de tudelanos preocupados porque en los bares de Zaragoza no hay música a estas horas. Les explico que esto no son los sanfermines y les mando al Tubo para que se entretengan un rato. No, si en el fondo le vengo bien al ayuntamiento, aunque venda adoquines sin licencia. Si algún día me detienen les contaré esta anécdota para que vean que no todo son ilegalidades.
14.26 Se me vuelve a soltar la faja. ¡Jodo, que lata! Me la pongo como puedo.
14.29 Vendo otros seis adoquines a un grupo de chicas de Ávila. Muy paradas, por cierto. Creo que estaban en toma de contacto con la ciudad. Me quedo un rato para animarlas, que así no se puede venir a los Pilares.
14.30 Veo que una de ellas se arrea el adoquín de golpe. ¡Ala, todo pa´dentro! — ¡Pero que eso es para chupar, estalentada!— le digo — ¿no has leído el prospecto? La pobre, roja, se saca el adoquín chorreando de la boca y se pone a buscar el prospecto en el envoltorio (entre las coplas)
14.31 No lo encuentra, claro. Bueno, ni ella, ni sus amigas, pobretas. Le recomiendo que, si no es aragonesa, que ni se le ocurra volverse a meter un adoquín entero en la boca, que eso solo lo podemos hacer los de la tierra.
14.36 Se me vuelve a soltar la faja. ¡Tira a cascala, la llevo en la mano que como se me vuelva a soltar la tiraré al Ebro!
14.42 Voy al paseo Independencia y me hago un hueco entre los amigos del Top manta. A ver si aquí vendo más material.
14.42 Un Senegalés que vende perfumes me pregunta por mi mercancía.
14.43 Le digo que son unos caramelos típicos de aquí y le ofrezco uno gratis. Así me lo gano, no quiero problemas con mis nuevos compañeros de acera.
14.43 El muchacho le arrea un mordisco al adoquín y no le saltan los dientes de puro milagro. Le explico que es mejor chuparlo.
14.52 En una hora me he sacado 20 euros. ¡Hoy podré comer bien y (lo mejor de todo) salir de fiesta!

Domingo, 10 de octubre de 2010
No pretendo resultar soez, pero si están desayunando mejor no lean esto ahora. Es que ayer estuve en Interpeñas y el esparto de mis alpargatas cogió lo mejor de toda la noche: el agua de la lluvia, los restos de cerveza y calimocho, mucho calimocho. Vamos, que si las estrujo puedo llenar con el líquido que salga dos vasos de litro. Huelen… en fin. Todo empezó después del pregón…

Sábado, 09 de octubre de 2010
21.37 Llueve. Voy en busca de un autobús que me lleve a Interpeñas saltando los charcos y buscando los porches.
21.39 Capuzo en un charco de la plaza de España. Soy un desastre esquivándolos.
21.42 Suena mi móvil, que llevo en la mano porque todavía no he conseguido una alforja. Es mi madre.
21.43 Me pregunta si ando por ahí con las alpargatas, con la que está cayendo (cómo me conoce la tía) — Que no, mamá, que ya sabía que iba a llover y me he cogido las deportivas por si acaso, — le miento. Soy lo peor, pero es que si no, la mujer se preocupa demasiado… ya verás tú cuando lea esto hoy.
21.45 Capuzo en un charco de la calle Alfonso. Las alpargatas, chipiadas. Empiezo a notar un frescor desagradable en los pies.
21.47 Sigo andando entre la multitud, ¡madre si hay gente por ahí!
21.52 Se me suelta la faja. ¡Buf! Lo que me faltaba. Yo no sé cómo podían hacer vida normal con este atuendo. Que el traje no tenga bolsillos, lo paso; que no tenga bragueta, tira; pero lo de la faja y que no se pueda andar por la calle cuando llueve…
22.12 Me subo en un bus que me deja cerca de Interpeñas. ¡Me dan miedo los zagales borrachos! Como me manchen…
00.12 Me cuelo en Interpeñas, y mira que me dejo ver eh…
00.17 Voy directo al concierto de SKA-P, que está muy “animao
00.18 Se me suelta la faja. Un amigo me sugiere que me ponga velcro. ¡Pues a lo mejor!
00.23 El primo de mi novia me deposita un litro de calimocho en las alpargatas. Mueren ahogadas.

Domingo, 10 de octubre de 2010
11.30 Llegó al periódico. La noche no acabó bien, tuve que volver a casa chapoteando en esparto. No estoy contento y he tenido que tunear el traje. Ahora lo remato con medias grises y deportivas blancas.
12.00 Llama una señora que cree que mi traje no es el adecuado. Y eso que hoy no me ha visto. Pero me va a ver, dice que viene a las 19.00. Lo va a flipar.
14.37 Me como un bocata de calamares que pago con los beneficios obtenidos ayer en la venta ilegal.
18.30 Colocó más mercancía. Mis compañeros pican que da gusto. A estas horas hay gazuza. 24 euros en total.
19.00 Llega Carmen, dice ser la Thatcher de Tarazona. No puede apartar sus ojos de mis deportivas. No le gustan. Trae alpargatas, pero ninguna de mi número. Se rinde ante el tamaño de mis pies. Pero promete hacerme una alforja para el móvil. Y no me pide adoquines a cambio.

Lunes, 11 de octubre de 2010
14.05 Soy feliz. Aunque tenga problemas con la faja, no los tengo con la ley. Me paso las tardes trapicheando con frutas de Aragón para poder salir de fiesta y comer, y todavía no he tenido tiempo para hacerme con un buen ramo. Con el dinero que me he sacado puedo comprarme uno sencillito, pero quiero recurrir al trueque y guardarme el efectivo.
14.10 Mi amiga Concha me habla muy bien de flores Marbid, dice que son muy majas las zagalas que lo llevan y seguro que me ayudan. ¡A por ellas!
14.34 Aparezco en su tienda. Qué bien huele, no como yo, que llevo cuatro días con la misma ropa.
14.35 Me atiende Fina. Me regala un ramo precioso, yo le doy adoquines y frutas de Aragón en señal de agradecimiento y me quedo corto, seguro.
16.08 Vuelvo a la redacción. Pablo Arrufat, presentador de los informativos de ZTV, se ofrece de manera altruista a ayudarme con la venta ilegal de adoquines. Yo le explico que no es una tarea fácil y que tardará bastante en vender los dos kilos que le proporciono. Es mi agente comercial.
16.10 Empieza su venta. Pobrete, me lo imagino en Independencia y seguro que no le compra nadie. Me siento culpable.
16.15 Aparece Pablo (muy ufano) con la bolsa vacía y con 15 € en la mano. ¡Jódelo!, en cinco minutos se ha sacado más que yo en todo el día. Me paga y no me sisa.
16.16 Creo que debería pasar más tiempo con este tipo. Para mañana le guardo otros dos kilos.
19.02 Viene a traerme una alforja, -hecha a medida- Carmen “la Thatcher de Tarazona”. — Está inspirada en la que llevaba el bandido Cucaracha, — me dice.
No sé yo si no será una indirecta…

Cómo destrozar el traje en tres sencillos pasos
Paso número uno, vaya usted a las ferias con su traje regional. Paso número dos, súbase al toro mecánico. Paso número tres, intente no caerse y si escucha algún crujido, tranquilo, no son sus huesos. Lo sé por experiencia. ¡Llevo el cuerpo que parece que me ha pasado un tractor por encima!
23.04 Me bajo del toro mecánico y noto una sensación de comodidad atípica. No sé por qué, pero voy más suelto. De fondo suena: “en una tribu Apache, jau, jau, jau”
23.05 Compruebo que todo está en su sitio: camisa, medias, gorrinera, faja (que no sé por qué narices se me suelta mientras camino y me subo al toro mecánico y ni se menea…), pantalones, calzón… ¿calzón?
23.06 Tragedia. Descubro que tengo un enorme agujero en el calzón. Es la tercera prenda que reviento. Primero fueron las alpargatas y un par de medias. Ahora vivo con un agujero en los calzones del diámetro del paraguas de la japonesa que luego les presentaré.
23.12 Se me suelta la faja. Me la pongo con la música de Benny Hill de fondo. Un payaso que vende globos me mira con cara de “estás llamando más la atención que yo”.
23.26 Voy al concierto de Bebe. Bebo. Desde que se me ha roto el calzón me siento más cómodo que nunca. ¡Qué gustico, oye!
00.42 Bebe canta. Bebo. Hace mucho calor.
01.02 No puedo más. Rompo las reglas del juego (espero que no me sancionen). Me quito la camisa y la gorrinera y me pongo una camiseta con una H gigante. Paizco un peñista con calzones.

Martes, 12 de octubre de 2010
08.34 Me despierto para ir a la ofrenda. Llueve, ¡copeta…!
09.03 Me cambio de ropa por primera vez en cuatro días, pero rechazo mis calzones de toda la vida para ponerme los rotos, que voy como nadie, tú.
09.25 Salgo al paseo de la Independencia en procesión con un grupo que no es el mío, pero me da igual: con la que está cayendo solo quiero llegar a la plaza cuanto antes.
09.27 Una señora me clava el paraguas en la nuca. Se disculpa.
09.42 Veo a una japonesa haciendo fotos como loca en la plaza de España. Creo que está alucinando con nuestro traje regional porque no para de apretar el botón. No sé japonés. Voy directo hacia ella.
09.43 Tenemos una conversación en japonés. ¡Flipa! Ve mi cámara y dice: — ¡Nikon! — miro su cámara y le digo: — ¡Nikon! — Hasta ahí nuestra conversación en japonés. Nos chocamos la mano. Me cuenta que tiene muchos amigos (me alegro por ella) y que está haciendo el camino de Santiago. ¡Qué salada, tú!
09.47 Un niño me clava su paraguas en los riñones. No se disculpa. Le miro mal.
10.54 Entrego mi ramo a la Virgen.
00.30 Esta noche no salgo, así no gasto. Una ducha, un colacao, una frutica de Aragón y a dormir. Qué dura es la vida del baturro…

Miércoles, 13 de octubre de 2010
Pocas cosas son tan mortíferas como arrojar a mala sangre un adoquín de kilo. Siempre que tengas buena puntería, no como yo.
10.35 Buenos días, Zaragoza. Voy a la redacción.
12.30 Asomo la cabeza por una ventana de Heraldo para otear. Veo a dos amigos charlando. Ellos a mi, no.
12.31 Busco un folio en sucio para arrugarlo, lanzárselo y llamar su atención. Soy así de divertido.
12.32 No tengo ningún folio en sucio, pero mi bolsa de adoquines está muy aparente encima de la mesa. Agarro uno de anís y lo tiro sin intención de herir a ninguno de los dos, de verdad.
12.33 El adoquín impacta contra el suelo (aunque por poco le hago una cuquera a uno). Me miran. Sonríen y me piden que les tire más adoquines. Insensatos…
12.34 No satisfago sus deseos pero me acaban comprando un buen puñao de mis dulces.
15.34 Voy a vender más mercancía a la plaza del Pilar que para frutos, los míos.
15.34 De camino, me cruzo con un amigo, -que no me ve- en la calle Alfonso. Le llamo: — ¡Óscar, Óscar! —
15.35 Parece que no me escucha. Le vuelvo a llamar: — ¡Óscar, Óscar! — Pues no me pienso ir sin saludarlo. Se me ocurre una manera infalible para que me haga caso.
15.36 Meto la mano en la alforja, engancho un adoquín de fresa, cargo el brazo hacia atrás y lo aviento contra mi amigo (o por lo menos hacia él apuntaba).
15.36 Sigo con la mirada la trayectoria del adoquín, que pasa por encima de Óscar, y va a impactar contra un pobre zagal que anda ajeno a su suerte. ¡Catapún! En toda la cabeza, tú. Por suerte no pierde el conocimiento. El tipo se gira con ganas de venganza.
15.37 Me oculto tras una de las papeleras de la Rudi mientras un coche de policía pasa a mi izquierda. Esto se me ha ido de las manos, pero aquí nadie me ve.
15.38 El pobre zagal no encuentra a su agresor (tendré mala puntería pero soy un genio del camuflaje).
15.39 No sé donde esconder la bolsa de adoquines que tengo en la mano y me delata. El chico mira hacia arriba buscando a un culpable. Mi amigo Óscar sigue su camino. Al cabo de un rato me descubro y aquí no ha pasado nada… aunque cuando lean esto…
Por las mañanas, paso relativamente inadvertido. Entre las ofrendas y las rondallas es bastante habitual cruzarse con un baturro. Por las noches, la cosa cambia. En Interpeñas, soy el único que viste de regional. Y he de reconocer que cada vez con menos clase…
00.35 Un beodo me mira (sin discreción alguna) mientras bailo. No me quita el ojo.
00.39 Me sigue mirando. Me da bastante miedo. Algo trama.
00.42 Se acerca hacia mí, creo que quiere decirme algo inteligente.
00.43 — Tío, ¿tú sigues de empalmada desde el día de la ofrenda? — me pregunta con un aliento abrasador. — No, es que yo voy siempre de baturro — le respondo. Sonrío. Él reflexiona sobre mi respuesta, asiente, se aleja… Menuda castaña.

Jueves, 14 de octubre de 2010
10.39 Suena mi móvil, es mi compañero Ángel Solís que me dice: — Hoy deja los adoquines y te vienes con Carlos Moncín y conmigo a la plaza, que vas a gastos pagados — ¡Qué grande es este Solís!
14.39 Carlos y Ángel me invitan a comer y me regalan una entrada para la corrida del día. No he visto una en mi vida, pero no estoy para rechazar ningún regalo.
16.32 Nos encontramos con el jotero Nacho del Río y se ofrece a ponerme la faja — con los flecos para adentro (importante) — me dice. A mí me gustan más por fuera. Cuando no mira me los saco. Él no va de baturro.
17.30 Empiezan los toros. ¡Qué peñazo…! No me entretienen ni lo más mínimo… Como me han invitado pongo buena cara y repito las frases que le oigo al público. Es la primera corrida que veo, pero con este pequeño truco doy el pego.
18.30 Entablo conversación con un tipo que está sentado en el burladero del callejón, justo debajo de mi sitio.
18.37 Hago un trato con él: yo voy a por bebida y el me invita a lo que quiera. Acepta. Me pide un Beefeater con limón poco cargado.
18.38 — Un Beefeater con limón muy cargado, por favor — le pido a la camarera — Así es todo más alegre… para mí, un refresco y cacahuetes.
Ahora quiero invitar a mi novia a cenar algo que no sean frutas de Aragón y adoquines…

Viernes, 15 de octubre de 2010
A estas alturas de la película yo también me declaro “indispuesto”, como Sabina… no saben qué duro es salir de fiesta y contarlo.
13.52 Amanezco afónico. Ayer estuve en el concierto de Sabina y me he levantado con su misma voz. Menos mal que no me pasó lo mismo cuando fui a ver a Camela…
14.13 Me llega un mensaje de Esther, una amiga que me invita a comer. Matizo su propuesta, mejor desayunamos.
14.45 Acudo a la carpa del ternasco y nos arreamos dos platos de fideuá y muchas tapitas de queso para untar que Esther a comprado en la plaza de los sitios.
15.03 Huele a quemado. Una de las casetas prefabricadas donde tienen los hornos empieza a echar humo por la ventana. La puerta está cerrada. Algo se está churrascando pero bien.
15.04 Se abre la puerta y aparece una camarera envuelta en humo y tosiendo. Como en lluvia de estrellas, pero en trágico.
15.05 Para que se le pase la tos, Esther le ofrece una tapita de queso. Todo se queda en un susto. Lo celebramos con un vino.
16.25 Llego a la redacción a por mi mercancía para sacarme unas pelas, que ya casi no me queda dinero.
16.27 Salgo al paseo de la Independencia con mis frutas de Aragón y mi cámara de fotos. Tragedia. La librería General también está humeando. Algo se quema. Me siento un poco gafe, solo he estado en dos sitios hoy y ambos han acabado igual.
16.28 La jefa de la sección de local de Heraldo grita mi nombre desde la acera de enfrente. — Víctor, que aún no han llegado los fotógrafos, corre, haz tú algunas por sí acaso —
16.29 Me siento al instante como el bombero de las películas al que le piden que saque a la niña de la casa en llamas. Corro con una mano en la faja y la otra en la cámara de fotos (imagínenlo en cámara lenta), me pongo junto al cordón policial tiro mi saco de frutas de Aragón y empiezo a hacer las fotos.
16.30 Un policía se me pone delante y me dice que yo no puedo hacer fotos, que esto es algo serio y me invita a largarme de allí.
16.31 Le explico que aunque sea difícil de creer, soy un periodista de Heraldo. El policía me mira de arriba a abajo. No se lo cree (normal), y me pide la acreditación. La jefa de local viene en mi ayuda. Aparece el fotógrafo de Heraldo. Engancho mis adoquines y me voy.
16.35 Me dejo caer por la plaza de los Sitios para hacer algún trueque. ¡Arrea, magdalenas de Morata de Jalón! Ya me salvaron los pilares pasados.
17.04 Me acerco al puesto y hablo con Angelita, hermana de Julia (mi salvadora del año pasado), que me confiesa que le encantan los trueques. ¡Pues toma trueque!
17.20 Cambio adoquines por queso de Letux para untar. Delicioso.
20.02 Voy al Carpanta, uno de los restaurantes favoritos de mi novia. Me atiende Santiago y le cuento mi historia. Accede a cambiarme 4 kilos de adoquines por una comida para dos.
Sábado, 16 de octubre de 2010
Este baturro se despide, amigos. ¡Tira, ya vale! Que tengo unas ganas de llevar unos pantalones con bolsillos y todo…
10.45 He sido indudablemente el peor novio de estos pilares. Todo el dinero que me he sacado vendiendo frutas de Aragón lo he gastado en comer y beber, no he podido ni invitar a Teresa (mi chica). Si la pobre hasta me ha comprado adoquines… pero hoy espero lavar mi imagen. Hemos quedado a las 14.30 en su restaurante favorito, el Carpanta. El trato lo cerré ayer: cuatro kilos de adoquines por una comida para dos en el restaurante griego.
11.03 Ando a buen paso por el paseo de Sagasta, que no quiero coger capazo con nadie. Llevo los cuatro kilos de adoquines en una bolsa de plástico (del bueno, que si no no aguanta).
11.04 Un niño flipa con mis adoquines. Paso corriendo a su lado, es muy majico, pero voy con prisa.
11.05 Oigo a lo lejos una dulce vocecita que dice. — Mamá, caramelos — Lo ignoro, que no me quiero liar. — Mamá, caramelos — repite alzando la misma voz. Me paro en seco, ¡jo, me ha convencido!
11.06 Me giro hacia el pequeño, que está entre un grupo de padres. El zagal comienza a gritar desatado: — ¡Caramelos, caramelos! —
11.07 No sé de dónde, se lo prometo; no sé de dónde empiezan a aparecer niños con padres que vienen hacia mí con la mano extendida. Me siento Melchor el día de la cabalgata de reyes y me pongo a repartir los caramelos a los niños. Pobretes, que enganchan dos adoquines y ya no les caben ninguno más en las manos…
11.09 Sigo repartiendo adoquines a puñaos, da igual el color. ¡Arrea, que los azules son de anís!
11.10 Digo a los padres que los de anís se lo den mejor a la yaya, que como se aticen uno los pequeños…
11.11 Me despido y sigo mi camino mientras una niña me mira con carita de pena. — ¡No le has dado a Sofía! — me grita una madre.
11.12 Me vuelvo y le doy dos adoquines de fresa a la pequeña. — Adiós Sofía, — le digo. — Yo me llamo Carlos — me dice el de al lado (muy bien, niño). Sonrió y me voy.
14.32 Acudimos Teresa y yo al Carpanta y nos ponemos las botas con la moussaka, el tzatziki… que todo lo que tiene el nombre de raro lo tiene el plato de bueno. ¡Pedazo de despedida culinaria de pilares! Santiago, el dueño, nos cuenta que trae los ingredientes desde Grecia. No me extraña, nunca había probado un yogur así de cremoso. Volveré otro día de paisano, cuando me quite el traje. Una traje que hasta el año que viene no verá la luz, eso se lo aseguro; porque cuando lo llevas a diario, el mejor momento del día es cuando te lo quitas, sobre todo los garbancillos de las medias, que se clavan… En estos pilares he aprendido tres cosas: que nadie sabe cómo comer adoquines, que si entran unas alpargatas a Interpeñas salen convertidas en vino y que se pasa más inadvertido con un disfraz de astronauta que con un traje de baturro. Riau, riau.


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